El crecimiento de Colombia se desacelera y pone en peligro la agenda de Gustavo Petro

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BOGOTÁ — El presidente Gustavo Petro y su coalición se preparan para un año crucial. Esperan aprobar importantes reformas de las pensiones, el mercado laboral y la atención médica y cumplir una variedad de otras promesas de campaña. Pero sus esfuerzos se verán complicados por una economía que se desacelerará drásticamente en 2023.

Con el panorama económico oscureciéndose, el éxito o el fracaso de sus planes puede depender de dos cuestiones clave: si el gobierno es capaz de generar un crecimiento económico más fuerte y si las propuestas de reforma son moderadas.

A raíz de la pandemia, la economía de Colombia creció un 10,7 % en 2021 y luego un 8 % en 2022, más del doble de la tasa promedio de América Latina de 3,6 %. Este notable crecimiento se puede atribuir a tres dinámicas principales, dos de las cuales ya no estarán presentes en 2023. Primero, Colombia experimentó un shock positivo extraordinario en sus términos de intercambio; el precio relativo de sus exportaciones creció 67% respecto al segundo trimestre de 2020. En tanto, el alza promedio de los términos de intercambio de la región fue de apenas 6%. A Colombia le fue bien en parte porque el 55% de sus exportaciones se derivan del petróleo y el carbón, que tuvieron precios extremadamente favorables a lo largo de 2022. En resumen, los precios más altos de las materias primas generaron una ganancia inesperada que se tradujo en una mayor actividad económica.

En segundo lugar, la política monetaria fue expansiva durante más tiempo en comparación con otras partes de la región. A pesar de las presiones inflacionarias, el banco central de Colombia no comenzó a subir las tasas hasta octubre de 2021, cuando la mayoría de los demás bancos centrales de la región ya habían subido las tasas varias veces. Naturalmente, esta política monetaria más expansiva implicó un estímulo a la demanda agregada y al crecimiento económico.

Finalmente, en 2022 Colombia completó tres años consecutivos con un déficit fiscal superior al 7% del producto interno bruto (PIB). (Esto incluye el déficit del fondo de estabilización de precios del gas). De hecho, en 2022, el déficit de Colombia todavía era un 3% del PIB más alto que antes de la pandemia. En contraste, las economías más grandes de la región habían deshecho su estímulo fiscal para 2022, regresando a niveles de déficit comparables a los de 2019. Este alto déficit fiscal implicó otro estímulo para la demanda agregada y el crecimiento económico.

Una consecuencia esperada, pero desafortunada, de un gran estímulo que aumenta la demanda es que la oferta suele reaccionar a un ritmo más lento. Esto significa que el exceso de demanda ejerce una presión alcista indebida sobre los precios. En efecto, Colombia cerró 2022 con una inflación del 13,1% que no da señales de amainar. En enero de 2023, la inflación aumentó por octavo mes consecutivo hasta el 13,3 %, y la inflación subyacente (sin energía ni alimentos) alcanzó el 9,7 %. En la mayoría de las economías de la región, la inflación alcanzó su punto máximo en la segunda mitad de 2022, pero en Colombia el pico aún no se ve por ningún lado.

Qué esperar en 2023

El banco central de Colombia hizo la transición a una política monetaria más restrictiva en la segunda mitad de 2022, cerrando el año con tasas de interés en 12%. Mientras tanto, el gobierno ha anunciado una reducción de su déficit fiscal del 3% del PIB, lo que conducirá a un superávit primario ligeramente positivo (sin incluir el pago de intereses) de alrededor del 0,1% del PIB. Estos cambios en la política monetaria y fiscal en conjunto implican un ajuste grande pero necesario en la demanda agregada. En estas condiciones, y con una expectativa de términos de intercambio más bajos, aunque aún altos, estimamos que la economía crecerá solo 1,5% este año.

Si bien el escenario de inflación en 2023 es mejor que el del año pasado, la tendencia alcista ha elevado las expectativas de inflación para este año a 8%, muy por encima del techo de 4% de la meta del banco central. Estas expectativas de inflación pueden aumentar aún más si el aumento de 16% en el salario mínimo—anunciado en diciembre—aumenta los precios de los bienes y servicios a través de su impacto en los costos laborales. Esta dinámica probablemente influyó también en la evolución de la inflación del año pasado.

En términos de desempleo, el mercado laboral experimentó un importante repunte pospandemia. La tasa de desempleo aumentó del 10,9 % en 2019 al 16,7 % en 2020, pero luego cayó al 11,2 % en 2022. Aún así, los problemas estructurales que afectan al mercado laboral de Colombia requieren una reforma muy necesaria. Dada la baja tasa de crecimiento que esperamos para 2023, la tasa de desempleo probablemente se mantenga en torno al 11% este año. La combinación de alta inflación y bajo crecimiento del empleo implica que las tasas de pobreza podrían aumentar en 2023, lo que representaría un gran desafío para Petro.

El plan nacional de desarrollo

La administración de Petro presentó recientemente su plan nacional de desarrollo, delineando las prioridades políticas, los objetivos primarios y las fuentes para financiar los proyectos asociados con esos objetivos. El plan, que debería convertirse en ley antes de mayo, refleja la mayor parte de lo que Petro discutió durante su campaña, particularmente su énfasis en proteger la rica biodiversidad y los activos ambientales de Colombia, así como acelerar la transición energética al descarbonizar rápidamente la economía.

Sin embargo, el plan no aborda las promesas de Petro de prohibir nuevos contratos de exploración en los sectores de minería y petróleo, que en la última década representaron el 33% de la inversión extranjera directa total y el 58% de las exportaciones totales. La administración de Petro está apostando a que esta principal fuente de divisas pueda reemplazarse efectivamente en el corto plazo con el turismo y la agricultura, pero esto parece muy poco probable. Se necesita una transición más gradual.

El plan también carece de ambición en sus objetivos de crecimiento económico. El gobierno estima una tasa de crecimiento de apenas 2,8% en 4 años, mientras que la tasa promedio de Colombia este siglo ha sido de 3,9%. El crecimiento económico impulsa el empleo, la principal fuente de ingresos para la mayoría de los hogares, y es clave para el objetivo del gobierno de reducir la pobreza. El plan debe incluir un objetivo más alto para el crecimiento económico, junto con estrategias detalladas sobre cómo lograr un mayor crecimiento del producto potencial, idealmente a través de una mayor inversión en infraestructura y una mejor calidad de la educación.

Reformas estructurales y capital político

En paralelo al plan nacional de desarrollo, el gobierno también propondrá reformas para abordar problemas estructurales en al menos tres frentes: pensiones, mercado laboral y salud. Si bien los cambios en estas áreas son necesarios, algunos de los detalles de las reformas han resultado controvertidos. La reforma de salud ha sido particularmente divisiva y enfrenta la oposición incluso de miembros del Gabinete y del presidente del Senado, Roy Barreras, un miembro destacado de la coalición de Petro.

Con una importante coalición política y la confianza de un mandato de cambio, Petro ha llamado a la ciudadanía a marchar en las calles en apoyo a las reformas. Si bien esto ejercerá cierta presión sobre los legisladores, parece haber más apoyo a las reformas de pensiones y del mercado laboral que a la reforma de salud, especialmente dada la perspectiva de elecciones locales en octubre.

Es posible que la administración Petro genere consenso y modere sus propuestas. Esto puede llevar al Congreso a aprobar la mayoría de las reformas propuestas, lo que demuestra que las demandas de cambio se han canalizado con éxito a través de la democracia representativa. También es posible que la administración sea menos pragmática, insistiendo en los elementos divisivos de sus propuestas. Esto puede llevar al Congreso a bloquear las reformas y crear otra ronda de polarización política. Sólo el tiempo dirá. Ojalá las demandas sociales sean satisfechas con reformas razonables y graduales que lleven a Colombia hacia una sociedad más igualitaria, sostenible y próspera.

Mejía es el director ejecutivo de Fedesarrollo. Fue viceministro y ministro de planificación de Colombia de 2014 a 2018, liderando el ministerio en la implementación de la agenda de objetivos de desarrollo sostenible. También ocupó cargos como director de política macroeconómica en el Ministerio de Hacienda de Colombia, así como investigador en el banco central de Colombia y el Banco Interamericano de Desarrollo en Washington. Síguelo en Twitter @LuisFerMejia.

Etiquetas: Colombia, crecimiento económico, inflación, Petro

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