La Armada colombiana: ¿La potencia de Sudamérica?

El autor desea agradecer al contralmirante colombiano (retirado) Luis Fernando Yance Villamil y al general colombiano (retirado) Enrique Peña Díaz sus comentarios e información, que fueron de inestimable ayuda para este informe.

El pasado mes de agosto, las tensiones entre Colombia y Venezuela se dispararon después de que tres soldados venezolanos resultaran heridos en un incidente en la frontera común. La situación empeoró cuando Caracas comenzó a deportar a los colombianos indocumentados que viven en Venezuela. Afortunadamente, la diplomacia se impuso y el incidente no pasó a mayores. Sin embargo, no es la primera vez que los dos países sudamericanos se enfrentan. Los dos estados ya se habían enfrentado antes, concretamente en el mar en 1987 y más recientemente en 2008.

El objetivo de este análisis no es discutir teóricamente lo que sucedería si Colombia y Venezuela entraran en guerra. Más bien, pretendemos tomar este posible conflicto interestatal como punto de partida para discutir la situación de la Armada colombiana moderna. Durante décadas, las operaciones de seguridad de la Armada colombiana han girado en torno a la lucha contra delitos marítimos como el narcotráfico. Sin embargo, la razón de ser de una Armada es proteger las vías navegables de un país de las amenazas internas y externas. Dadas las recientes adquisiciones, entre las que se incluyen dos submarinos alemanes, la Armada de Colombia puede ser catalogada como una potencia regional con una fuerte capacidad disuasoria.

La falta de guerra: Una breve historia

Hay un hecho oscuro pero también divertido sobre las armadas latinoamericanas en general: no han participado en guerras interestatales en décadas. Como he comentado en análisis anteriores, la última vez que dos países latinoamericanos entraron en guerra entre sí fue el conflicto terrestre entre Perú y Ecuador en 1995. Además, la última vez que un buque de guerra latinoamericano disparó un misil contra otro fue durante la Guerra de las Malvinas de 1982 entre Argentina y el Reino Unido.

Colombia es bien conocida por el conflicto interno que asola el país desde hace décadas. En cuanto a las guerras interestatales, unidades del Ejército y buques de la Armada colombianos participaron en la Guerra de Corea, a través de la ONU, mientras que el último conflicto que Colombia libró con un Estado vecino fue la guerra de 1932-1933 con Perú, centrada en el Amazonas. En las últimas décadas ha habido incidentes aislados que han llevado a Colombia a una guerra interestatal. El más reciente, en 2008, fue un extraño incidente en el que tropas colombianas atacaron una base insurgente de las FARC en Ecuador sin pedir permiso a Quito. El venezolano Hugo Chávez desplegó sus tropas en la frontera colombiana, declarando que entraría en guerra con Colombia para proteger a su aliado Ecuador. Anteriormente, se produjo el ya mencionado incidente de 1987 en el que la corbeta colombiana ARC Caldas entró en aguas que Venezuela reclama como propias. Ambos países desplegaron tropas en sus fronteras y aviones de guerra F-16 venezolanos sobrevolaron el ARC Caldas y otros buques colombianos en la zona en disputa. Al igual que este incidente más reciente, las crisis de 1987 y 2008 no llegaron a intensificarse.

Esto lleva a una conclusión: no hay nadie en servicio en la Armada colombiana que tenga experiencia en un conflicto interestatal. Además, no se ha lanzado ningún misil o torpedo desde un buque de guerra o submarino colombiano en generaciones. Ciertamente, este hecho no minimiza las capacidades, la valentía y la profesionalidad general de los marinos colombianos, que tienen mucha experiencia en la lucha contra los insurgentes, los narcotraficantes y otros delincuentes en las aguas territoriales del país y a lo largo de sus numerosos ríos. En todo caso, el éxito de Colombia a la hora de detener los delitos marítimos (en abril se incautaron 1,3 toneladas de cocaína en aguas del Pacífico) pone de manifiesto cómo este servicio se ha adaptado y transformado en una fuerza que puede hacer frente a las amenazas de seguridad tanto tradicionales como asimétricas. Sin embargo, es un hecho divertido que, por muy poderosa que sea la Armada colombiana, la experiencia en conflictos interestatales es más que escasa entre su personal (aunque lo mismo puede decirse de otras armadas regionales).

Una fuerza a tener en cuenta

A diferencia de su vecino Brasil, Colombia no posee un portaaviones, ni está construyendo un submarino de propulsión nuclear. Sin embargo, su Armada ha realizado adquisiciones en los últimos años para modernizar su flota. La más importante fue la adquisición en 2012 de dos submarinos de fabricación alemana, clase U-206A. Los submarinos han sido modernizados (sirvieron en la Armada alemana durante más de tres décadas y fueron retirados del servicio en 2010) y, en el momento de escribir este artículo, están siendo transportados desde Alemania a Colombia a través del carguero BBC Saphire.

En cuanto a otras adquisiciones, Bogotá ha comprado un buque de transporte «fast ferry», el ARC Juanchaco, a la empresa holandesa de construcción naval Damen. Además, Colombia también ha adquirido un cañón de 76 mm, un Oto Melara 76/62 Super Rapid (SR) Gun Mount, a la empresa italiana Finmeccanica. Se colocará a bordo de un buque de patrulla en alta mar que el país está construyendo actualmente. Por último, la página web oficial de la Armada colombiana ofrece un listado detallado de las adquisiciones y mejoras para 2015; por cuestiones de espacio no las comentaremos aquí, pero cabe destacar que entre ellas se encuentran la modernización de las fragatas del país y la mejora de bases como el ARC Bolívar y el ARC Málaga.

Además, la industria militar naval del país está evolucionando rápidamente. Por ejemplo, el astillero estatal colombiano COCTEMAR entregó recientemente a la Armada el buque de desembarco anfibio BDA Golfo de Urabá, que puede transportar suministros a zonas costeras y fluviales. Es el segundo de los seis buques de esta clase que COCTEMAR está construyendo para la Armada.

En términos de entrenamiento, Colombia realiza ejercicios militares con sus vecinos y aliados -los buques de guerra colombianos participan actualmente en los ejercicios UNITAS 2015 con buques estadounidenses y de otros países latinoamericanos-. Además, la Armada colombiana participó en

RIMPAC 2014 y realizó ejercicios navales con Ecuador en agosto. Por último, una tripulación de marinos colombianos está adquiriendo experiencia de primera mano en operaciones de combate, ya que el patrullero ARC 7 de Agosto ha sido desplegado en el cuerno de África para participar en la Operación Atalanta.

Problemas y desafíos

Aunque la Armada colombiana ha llevado a cabo importantes adquisiciones y modernización de sus buques, existen problemas entre su personal. El pasado mes de mayo, Bogotá reveló una operación de fraude masivo entre las fuerzas armadas del país en la que se robaron unos 160 millones de pesos colombianos (unos 52 mil dólares) de las arcas militares. Entre los detenidos como parte de esta red delictiva se encuentran tres miembros de la Armada y un civil que también trabajaba para la Armada. Los delincuentes utilizaban transacciones en línea, usando documentos falsos para transferir dinero desde la escuela naval de cadetes Almirante Padilla, a cuentas bancarias personales.

Además, la educación que reciben los cadetes navales colombianos puede ponerse en duda. El grupo de investigación Sapiens Research publica informes de las mejores universidades de Colombia: en 2014, la mejor universidad militar fue la Universidad Militar Nueva Granada, que quedó en un respetable número 25. En cuanto a la escuela de cadetes de la Armada, la Escuela Naval de Cadetes Almirante Padilla quedó en un triste número 90, justo por encima de la escuela de postgrado de la Fuerza Aérea. Los cadetes de la Armada colombiana reciben una buena formación en el mar, como demuestra el buque insignia y de entrenamiento, el ARC Gloria, que ha viajado por todo el mundo para proporcionar a los aspirantes a oficiales de la Armada una experiencia práctica. Sin embargo, la educación que reciben en tierra en su universidad puede mejorar mucho si quiere competir con algunas de las mejores universidades de Colombia.

Otro hecho preocupante es la formación que reciben los marinos colombianos. A principios de este año, la agencia de noticias colombiana La F.m. subió un vídeo en el que se ve cómo los marinos son amenazados y golpeados físicamente por sus instructores como parte de un curso de formación avanzada. Los infantes de marina recibían puñetazos y patadas de sus supervisores, incluso cuando caían al suelo, mientras eran insultados verbalmente. (Haga clic aquí para ver el vídeo gráfico, en español).

El vídeo suscitó un debate sobre si estos métodos de entrenamiento son aceptables (podría decirse que para entrenar a los marines a lidiar con el dolor extremo en caso de ser capturados por los insurgentes) o si deberían considerarse humillantes e innecesarios. Como respuesta al vídeo, el almirante Hernando Wills, comandante de la Marina, anunció que los oficiales que golpearon a los marines habían sido expulsados del servicio. El oficial naval explicó que «el entrenamiento militar es exigente, pero bajo ninguna circunstancia justifica el abuso físico».

Por último, en el marco de mi investigación, no he podido encontrar informes sobre accidentes en buques colombianos. Esto es ciertamente un desarrollo positivo, particularmente porque otras ramas han sufrido accidentes en el pasado reciente (uno de los aviones de guerra Kfir de la Fuerza Aérea se estrelló en diciembre de 2014 durante un ejercicio de entrenamiento). Dicho esto, los problemas entre el personal naval, desde los casos de corrupción hasta la formación controvertida, o la falta de buena educación entre los cadetes, deben ser tratados para seguir optimizando la fuerza marítima del país.

Análisis

Aunque la Armada colombiana ha adquirido algunos equipos importantes, en particular dos submarinos y nuevas embarcaciones de desembarco, sería erróneo suponer que está participando en algún tipo de compra agresiva de armas. Más bien, la Armada colombiana está pasando por un proceso de modernización para mantener su capacidad de llevar a cabo operaciones, como la lucha contra los delitos marítimos, así como para mantener una capacidad de disuasión de las amenazas externas.

En última instancia, las operaciones de la Armada colombiana se basan en su personal y su equipamiento. Como se mencionó anteriormente, no ha habido ningún accidente importante en relación con los buques de guerra o los submarinos, mientras que las recientes adquisiciones y la modernización de los buques me llevan a argumentar que la Armada colombiana está en condiciones ideales para continuar sus operaciones y hacer frente a cualquier conflicto previsible. En cuanto al personal en sí, el caso de corrupción es un incidente problemático pero no ha afectado al estado general de la Armada. Más preocupantes son los casos (grabados en vídeo) de abusos físicos y psicológicos contra los marinos durante los cursos de formación.

La cuestión de Caracas

Este análisis no estaría completo sin hablar de las tensiones entre Venezuela y Colombia. Los dos gobiernos tienen una larga historia, incluso formaron parte del mismo país en el siglo XIX. Sin embargo, las tensiones se han intensificado periódicamente, sobre todo porque ambos reclaman el Golfo de Venezuela, rico en petróleo, lo que provocó la crisis marítima de 1987. Las tensiones aumentaron durante las presidencias del venezolano Hugo Chávez y del colombiano Álvaro Uribe, que culminaron en el incidente de 2008. Lamentablemente, incluso después de que los dos líderes dejaran el poder, continuaron los estallidos ocasionales, como el pasado agosto.

Es importante señalar que bajo Chávez, Caracas gastó miles de millones de dólares en equipos rusos y chinos para las fuerzas armadas venezolanas, pero los principales beneficiarios fueron el Ejército y la Fuerza Aérea. Recientes informes de fuentes abiertas insinúan que la Armada venezolana está haciendo lo mejor con lo que tiene, lo que significa reparar buques viejos, como el submarino Caribe, S-32, y sus fragatas clase Lupo. El programa de adquisiciones del país puede considerarse modesto: un ejemplo reciente es la compra de patrulleras construidas por Damen.

Aunque no es mi objetivo discutir un teórico conflicto Colombia-Venezuela, la información actualmente disponible sobre ambas armadas proporciona una fuerte ventaja a la Armada colombiana, ya que cuenta con personal experimentado en combate debido a sus operaciones contra el narcotráfico y al buque ARC 7 de Agosto que opera en el Cuerno de África. Por supuesto, la advertencia aquí es que la Armada colombiana no ha participado en un conflicto interestatal real en décadas (pero, de nuevo, tampoco lo ha hecho la Armada venezolana), lo que significa que el personal naval colombiano carece de ese tipo particular de experiencia de combate. En cuanto al equipamiento, las compras actuales dotan a los colombianos de una fuerza formidable, especialmente en lo que se refiere a su flota de submarinos.

En cuanto a Estados Unidos, las estrechas relaciones entre Bogotá y Washington no son un secreto, tanto a nivel político como militar. En materia naval, además de participar en ejercicios marítimos conjuntos, son frecuentes las reuniones entre los altos mandos navales de ambos países. Por ejemplo, el pasado mes de enero, el almirante John Greenert, Jefe de Operaciones Navales de la Armada estadounidense, viajó a Colombia para reunirse con el ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, y el comandante de la Armada, almirante Hernando Wills.

Dada la plétora de análisis actuales en los que se discute hasta dónde llegará el gobierno (y el ejército) de Estados Unidos para apoyar a sus aliados (por ejemplo, a través de la OTAN en Europa o para proteger a Taiwán en el Pacífico asiático), es necesario discutir brevemente las relaciones entre Estados Unidos y Colombia si el estado sudamericano entrara en guerra; siendo un conflicto Colombia-Venezuela el escenario más plausible. Se puede afirmar que Estados Unidos no entrará en guerra por Colombia. Sin embargo, podemos deducir que EE.UU. apoyaría a su aliado, especialmente si está en guerra contra Venezuela, que ha sido una espina en el costado de Washington desde los albores de la era Chávez. En concreto, yo diría que Washington se centraría en proporcionar inteligencia a Bogotá -un precedente sería el de Estados Unidos suministrando inteligencia al Reino Unido contra Argentina durante la Guerra de las Malvinas-.

En última instancia, la pregunta es: ¿Es inevitable una guerra entre Colombia y Venezuela? El hecho de que las crisis de 1987, 2008 y 2015 no hayan desembocado en un conflicto habla bien de que ambos gobiernos han preferido el diálogo a la guerra. Es más, justo el pasado mes de octubre, altos oficiales navales de ambos países se reunieron en Maracaibo, Venezuela, para discutir la cooperación bilateral para combatir los delitos, incluyendo el narcotráfico, a lo largo de su frontera común. Estas reuniones son importantes mecanismos de creación de confianza para mejorar las relaciones militares.

Sin embargo, ambos gobiernos aún no han acordado una frontera marítima en el Golfo de Venezuela, lo que probablemente conducirá a otro incidente del tipo de 1987 en el futuro. Además, la economía venezolana sigue en un estado calamitoso, y el gobierno venezolano se ha dedicado a acusar constantemente a actores extranjeros, concretamente a Estados Unidos, de intentar desestabilizarla. Es más, Caracas también ha acusado a Bogotá de intentar desestabilizar su economía y fomentar la megainflación que vive actualmente Venezuela. La conclusión es que las acusaciones sobre la guerra económica y/o los problemas fronterizos no resueltos probablemente provocarán una nueva ronda de incidentes en un futuro próximo. Es de esperar que éstos no acaben en un conflicto, pero, en opinión personal de este autor, los militares colombianos pueden estar preguntándose si Venezuela puede tratar de encender un conflicto para desviar la atención de sus problemas internos (al estilo de Argentina durante la Guerra de las Malvinas).

Conclusiones

Cuando se habla de la fuerza marítima entre las potencias militares, tiene sentido centrarse en las armadas con buques de propulsión nuclear o en términos de equipamiento moderno. Cuando se trata de América Latina, la evaluación de la fuerza de una armada es algo diferente, ya que todas tienden a poseer una mezcla de equipos (a veces muy) antiguos, salpicados con algún que otro buque nuevo. La Armada colombiana tiene una mezcla de buques de guerra y submarinos de este tipo: cuenta con flamantes buques de desembarco de fabricación nacional, mientras que sus «nuevos» submarinos alemanes tienen ya más de tres décadas de antigüedad. Sin embargo, este autor concluye que goza de un alto nivel de preparación (cuyo mejor ejemplo son las exitosas operaciones contra los delitos marítimos). Aunque nadie quiere una guerra, si ésta se produce, la Armada de Colombia es sin duda una potencia a tener en cuenta.

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